Un vaso de agua puede contar toda una historia. Como el que le fue ofrecido no hace mucho a Dunstan Ddamulira en el interior de Uganda. “En mi país [Uganda] -dice Ddamulira- no se puede negar agua para beber. Así es que me detuve en esa casa y pedí un vaso de agua. Una joven me lo dio. Era lodo en un 50 por ciento.” Y en apoyo de sus palabras, muestra una foto que tomó con su teléfono móvil. Es realmente lodo en un 50 por ciento.

Esto ocurría en Bijaba, una aldea de unas 150 familias en Uganda central. La aldea está en lo alto de una colina. En la estación lluviosa, los aldeanos se surten agua de un pozo que cavan para recoger el agua que escurre por la colina. En la estación seca, deben buscarla en un valle a unos ocho kilómetros.

Lo que los aldeanos de Bijaba tienen que soportar es una experiencia diaria para alrededor de 1.100 millones de personas en el planeta. No tienen acceso a agua suficiente ni segura para beber ni para satisfacer sus necesidades domésticas. Como consecuencia de ello y de la falta de instalaciones sanitarias adecuadas, unos dos millones de personas mueren cada año, siendo niños la mayor parte.

Muchas más personas sufren diariamente por la falta de agua. En algunos países pueden ser necesarias cinco horas diarias de trabajo para satisfacer las necesidades de agua de una familia, y serán mujeres y niñas las que soporten la mayor parte de esa carga. Y por supuesto, también están las enfermedades relacionadas con el agua, y los perjucios para la educación inseparables de la mala salud y de los esfuerzos para acarrear agua.

Más del 80 por ciento de las poblaciones afectadas por la escasez de agua son rurales. Dos tercios de ellas están en Asia. Más del 40 por ciento de la población del África subsahariana entra en este grupo. Como en muchas otras situaciones de injusticia, explotación y privación, los pobres son los más afectados. “La falta de agua empuja a la gente al círculo vicioso de la pobreza”, dice Ddamulira.

Cómo combatir las causas

¿Por qué se da esta situación? “En Uganda -explica Ddamulira-, se combinan varios factores: presupuestos insuficientes, distribución desigual, falta de tREDAología adecuada para las zonas rurales, corrupción de la administración pública.” Ddamulira es un experto de la Agencia de Cooperación e Investigación para el Desarrollo, que apoya proyectos de suministro de agua y saneamiento, además de concientización y formación, dirigidos especialmente a las mujeres.

Para Moshe Tsehlo, de Lesotho, es en la gestión pública donde radica una de las principales causas del problema. En su país, cinco embalses permiten al gobierno vender agua a Sudáfrica. Lo que sucede con los ingresos obtenidos es un misterio, dice, por la falta de transparencia gubernamental. Aunque las fuentes del agua están en zonas rurales, éstas no son una prioridad para el gobierno a la hora de decidir el suministro. En consecuencia, la agricultura de subsistencia padece por falta de riego, y las poblaciones afectadas emigran de las aldeas a las ciudades.

Tsehlo es el coordinador en Lesotho de Uso Participativo y Ecológico de la Tierra, una organización que promueve y presta apoyo a pequeños proyectos de extracción de agua, riego y embotellado. “A nivel nacional, nuestro esfuerzo apunta a reformar la Constitución para incluir el acceso al agua como derecho humano”, dice. “Necesitamos ese marco legal para impedir la privatización del agua en nuestro país”.